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3er. Paso para la Plenitud: GENEROSIDAD


Compartir lo que tenemos con los demás no es solo dar lo que el otro no tiene, sino recibir parte de su carencia y acogerla en nuestras vidas. Ser generoso con los demás no es dar lo que nos sobra sino ser capaces de extraer de la vida cuanto creemos que los demás necesitan. Y, por supuesto, no se trata solo de dinero o cosas materiales, hablamos también de ser generosos con las sonrisas, con los abrazos, con nuestra presencia…

Hacer partícipes a los demás de nuestros dones es una experiencia enriquecedora, pero se convierte en la mayor fuente de plenitud cuando esos dones no nos sobran. Ser capaces de alentar a otro cuando estamos viviendo un mal momento es una generosa acción que beneficia por igual a las dos personas.

Para ello, el hecho de dar debe ser un goce en sí mismo. Si bien es cierto que quien da tiene mayores posibilidades de recibir, nadie puede garantizar esta correspondencia. Puede que recibamos agradecimiento, lo que nos llenará de satisfacción y aumentará la autoestima al hacer que nos sintamos dignos de aprecio.

PROPUESTAS:

-La generosidad implica no aferrarse a los bienes que nos ha sido otorgados. Se trata de tenerlos, administrarlos o disfrutarlos con la conciencia de que, en última instancia, no son nuestros. Para ellos es necesario detenerse, de vez en cuando, a reflexionar sobre el origen de esos dones: ¿los has heredado?, ¿los has ganado con arduo esfuerzo?, ¿cuántos hay que se han esforzado como tú y no lo han obtenido? Reflexionar así permite ver la generosidad que ha tenido la vida con nosotros. Así entenderemos como algo natural compartir  aquello que -de hecho-  ya es de todos. Eso hará que el sentimiento de plenitud anide en nosotros.

 

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