Lo último:

BENDICIÓN Y MALDICIÓN

BENDICIÓN Y MALDICIÓN 

La bendición viene de arriba y desciende; nos llega de alguien que está por encima de nosotros, en primer lugar, de nuestros padres. Cuando los padres bendicen a sus hijos, se encuentran profundamente unidos al cauce de la vida. Al igual que la vida, también la bendición nace mucho antes de los padres. Al igual que la vida, también la bendición significa transmitir algo sagrado que nosotros mismos recibimos en su momento.

La bendición es el sí a la vida, la protege, la multiplica, la acompaña. La bendición libera al bendecido para lo propio, para su propia plenitud. A través de él, la bendición y la plenitud siguen fluyendo hacia otros: por ejemplo, hacia una pareja, hacia los propios hijos, hacia los amigos. Y también fluye hacia la propia actividad que apoya y cuida la vida extensamente.

Así, los padres bendicen a sus hijos a la hora de la despedida, cuando éstos se van. Ellos mismos se quedan. De esta manera, los hijos son libres y autónomos. También cuando los padres se despiden, por ejemplo, en el lecho de muerte, bendicen a sus hijos y nietos. A través de la bendición siguen unidos a ellos.

 

bendicion maldicion 1Por tanto, únicamente puede y debe bendecir aquel que está bendecido y se encuentra en concordancia con algo más grande. Únicamente pasa a otros lo que le llegó y a lo que él mismo se abrió. Así, pues, la bendición es humilde y sólo donde se da con esta humildad, despliega todo su efecto benéfico.

 

Lo contrario de la bendición, su sombra, por así decirlo, es la maldición. A través de la maldición se desea algo malo para otros. Su intención es la de perjudicar la vida de otros, o incluso destruirla. Similar a la bendición que no sólo desea el bien para un individuo, sino también para sus descendientes, así también el que maldice no sólo pretende alcanzar a una sola persona, sino también a sus hijos. La maldición es el veneno en el río de la vida.

Muchas veces se desea el mal para otra persona y para sus descendientes, cuando se sufrió una injusticia o cuando se piensa que fue así. Cuando la persona está enfadada con razón, hay que reconciliarla, por ejemplo, reconociendo la injusticia y pidiéndole que se muestre afable de nuevo. Esto resulta más fácil si le pedimos que también mire con buenos ojos a los hijos y que les desee el bien, es decir, que los bendiga.

 

Muchas veces, las personas desean el mal para otros sin que éstos les hayan hecho nada. Así, de repente, uno se ve expuesto a una mala intención sin poder defenderse. No puede contrarrestarla mediante sus propios actos, ya que a veces ni siquiera conoce al otro. ¿Cómo puede una persona protegerse entonces en su alma, para que esa mala intención no corroa ni merme su vida, o lo enferme o le robe las ganas de vivir? Se dirige a la fuente de la vida, abriéndose a su plenitud y fuerza y dejando que vaya fluyendo a través de ella, con la fuerza suficiente para también alcanzar  a los otros que pretendan limitar esta vida y, de alguna manera, frenar su corriente. Así, responden a la maldición con una bendición.

 

Pero también nosotros a veces sentimos que deseamos el mal para otros, que nos negamos a desearles realmente el bien. A veces, esto se muestra en pequeños detalles, por ejemplo, cuando hacemos objeciones ante aquello que favorece o hace felices a otros. A través de la objeción, los atamos a nosotros en lugar de liberarlos para su propia vida y plenitud.

¿Cómo podemos contrarrestar esta tendencia? Podemos entrenarnos para convertirnos en una bendición. Así, por ejemplo, después de un encuentro o al final de un día, podemos preguntarnos: “Hoy, aquí ¿he sido una bendición?”. De esta manera, cada día nos sentiremos más colmados de bendiciones y también sentiremos que bendecimos con más y más generosidad.

bendicion maldicion 2

Bert Hellinger.-

Los comentarios están cerrados.

Scroll To Top