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Abundancia de caricias

¿Usted ha notado que existen determinadas personas que crean a su alrededor un ambiente de mucha vida? ¡Convivir con ellas es una maravilla!

Indudablemente, en cada una de ellas existen muchos aspectos, tales como cultura, experiencia de vida, belleza, simpatía, etc… que las califican.

Sin embargo, lo más importante es que esas personas desarrollaron “la mística” de crear un ambiente con abundancia de caricias. Son personas que se siente sumamente cómodas acariciando a los demás (observe cómo algunos hombres elogian a veces la belleza de una mujer de manera tal que es evidente que ellos no tienen ningún interés particular en ella, sino únicamente admiración).

¡Son personas que miran directa y suavemente a los ojos de los demás, que saben acercarse, pero que también saben hasta dónde deben acercarse para no “invadir” a la persona.

¡Son personas que hacen caricias voluntariamente! Por lo tanto, se vuelven menos susceptibles a los mecanismos de extorsión de caricias. Saben perfectamente que es bueno hacer caricias solo por hacerlas… puesto que no necesitan salvar a los demás. No hacen el trabajo ajeno; dividen responsabilidad, y no hacen cosas contra la voluntad propia solo por ser agradables.

Ahora veamos el otro lado de la abundancia de caricias. Hay personas que siempre viven llenas de caricias porque aceptan recibirlas de los demás. Saben que cuando alguien las elogia lo hace porque tiene buen gusto y perspicacia.

Esas personas aceptan el afecto de los demás… y se nutren y se siente tranquilas. E, igualmente, saben rechazar las caricias que no necesitan o que no les conviene recibir. Ellas pueden percibir cuándo tienen la “batería” cargada y saben que desde ese instante, pueden ser convenientes algunos momentos de aislamiento para que no tener que rehusar algunas caricias que no les gusten.

¡Todos podemos ser creadores de ambientes abundantes en caricias!

Tomado del libro: “La Caricia Esencial” de Roberto Shinyashiki (1993).

 

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