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El movimiento amoroso

Constelaciones

Una de las reglas básicas del sistema familiar es el orden: los padres dan, sobre todo, la vida, y los hijos toman. Siguiendo este orden, el amor fluye y crece entre ellos, hay un movimiento amoroso en ambas direcciones. Todos lo hemos experimentado y muchos de nosotros lo seguimos haciendo todavía, aunque también todos hayamos afrontado alguna vez un atasco de este movimiento amoroso.

Puede ocurrir por diversas razones, las circunstancia típicas que causan un movimiento interrumpido suelen ser:

-        Una pérdida sufrida por la madre durante o después del embarazo, por ejemplo la muerte de su madre o de su padre.

-        Un intento fallido de abortar el hijo.

-        Un parto prematuro, que exije la permanencia del bebé en una incubadora durante una temporada.

-        Un parto difícil o peligroso, en el que la madre o el hijo corran peligro de muerte.

-        Una hospitalización  de la madre o del niño durante los primeros cuatro años de vida del hijo.

-        La muerte de otro hermano, hijo de los padres

-        La separación de los padres.

-        La acogida temporal por otros familiares

-        El abandono del hijo, dándolo en adopción o entregándolo en un orfanato.

Como consencuencia de ello se produce una interrupción emocional entre el hijo y su madre, o a veces con su padre. El niño necesita urgentemente a su madre o a su padre, y no lo encuentra, lo cual le duele mucho. Estas circunstancias pueden ser permanentes o temporales, pero a partir de allí el niño evita entregarse emocionalmente a su padre o madre, porque hacerlo reviviría su dolor. Es un trauma personal que se crea sobre todo los primeros años de vida, aunque se puede producir hasta en la adolescencia. Aparentemente, todo sigue su curso, pero al hijo le acompaña una sensación de inseguridad. En su fondo duda si sentirse querido y protegido por sus padres, y con el tiempo desarrolla una falta de confianza en la vida misma. Entra en un movimiento circular de acercarse y alejarse de su madre, anhelándola y evitándola, sin llegar nunca a nada en concreto. Ya no toma del todo a su madre o a su padre.

Con los años una persona así se aferra a su desconfianza, se vuelve autosuficiente o dependiente. De adulto puede repetir este patrón en sus relaciones, sobre todo en su relación de pareja. Se acerca al otro, y aunque lo anhela, no llega a entregarse, porque el miedo a sentir de nuevo el dolor del abandono es demasiado grande. Así que evita el compromiso lo cual hace que sus relaciones de pareja sean distantes o cambiantes.

Cuando el hijo es todavía pequeño o adolescente, una forma eficaz de recomponer el movimiento amoroso puede ser la terapia de contención. Es un trabajo entre el hijo y su madre o su padre, los cuales practican durante varias sesiones, acompañados por un terapeuta, un abrazo que lleva al amor.


Fuente: Las Constelaciones Familiares en Resonancia con la Vida, Peter Bourquin.

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