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Formación de Ciudadanos Virtuosos

La familia y la formación de ciudadanos virtuosos (*)
Lourdes Denis Santana

En el proceso de formar ciudadanos virtuosos, la familia desempeña una función primordial. La familia es un invaluable agente educador, formador de valores ciudadanos y generador de propuestas de acción cívica. En la trama familiar cotidiana, más que en ningún otro ámbito social, se forja el espíritu del comportamiento humano. En el seno de las enseñanzas hogareñas se interconecta la influencia de tradiciones, valores, creencias, actitudes y principios que dejan huella indeleble en generaciones y pueblos.

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La familia es el núcleo social natural donde se moldea la conciencia individual del ser humano. En este proceso es mucho más impactante la influencia del ejemplo que de la palabra. Cada grupo familiar imprime en sus hijos la huella que, según el criterio de los padres, juzgue más convenientes. No hay recetas a seguir en este delicado proceso de formación. Cada gesto, cada acto, cada palabra se traduce en un modelo que será adoptado por los hijos. De allí deriva la delicadeza del compromiso y la tarea de ser padres. En la práctica, este proceso es desvirtuado por la influencia de diversos factores.

En el proyecto de todo grupo político debería estar la defensa de la familia porque es el presupuesto para el bien común. Esto, evidentemente no ocurre cuando sólo se persigue el interés sectario (eufemísticamente denominado “interés general”). Con los ataques a la familia, además de las consecuencias directas, se hace peligrar la paz de la sociedad porque se está viciando el ámbito primero y natural de la sociabilidad humana y cegando el canal de transmisión de los valores que caen sobre el fondo del corazón humano. Sin educación en la familia, el único objetivo de cada uno es uno mismo.

Nuestra sociedad ha promocionado el capricho, el consumismo, no ha educado la voluntad, ha creado hombres y mujeres débiles que ante la primera dificultad se hunden y sólo responden con la evasión. La frustración de un ánimo sólo dispuesto para discurrir por caminos de rosas o bien la voluntad superficial y caprichosa -la debilidad, en definitiva-, son el caldo de cultivo para otra severa carga sobre los hogares familiares: como la drogadicción.

… Educar es enseñar una ética frente a la existencia, para que con sabiduría se aprenda a bien tener, a bien hacer, a bien vivir y a bien ser, integrándose el concepto de “bienestar”. Enseñar es crear las condiciones para que quien aprende, pueda desarrollar todo su potencial como ser humano, ayudando a los demás a conocer y comprender, a crecer y a dudar, a recibir y a aportar, a informarse, pero sobre todo a formarse como seres humanos.

(*) Este artículo forma parte del libro ÉTICA Y DOCENCIA (1999), de FEDUPEL

 

 

 

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