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¿Cuándo amas demasiado Sufres? … Entonces lee cuidadosamente éste artículo.

Codependencia

En una de mis consultas, una mujer joven de 28 años de edad me relató su historia:

Antes de casarnos, a mi novio nunca le parecía suficiente el tiempo para estar juntos. Quería estar conmigo siempre que fuera posible. Me llamaba desde el trabajo un par de veces al día. Sentía celos cuando salía de compras con una amiga o me quedaba trabajando horas extras en mi trabajo.

Mi padre bebía demasiado y sobre todo los fines de semana que eran días infernales por sus crisis de borrachera, mi madre era una esclava de él, parecía un trapo de cocina, de forma que me hacía sentir bien el que mi novio me tratara tan amorosamente y que estuviese tan entusiasmado por estar a mi lado. Tantos halagos de mi novio hizo que se me subiera a la cabeza y enseguida nos casamos. Poco después empezó a criticar mi trabajo, argumentando que eso nos separaba y me alegaba que si dejaba de trabajar, podríamos comer juntos un par de veces a la semana y podríamos estar más tiempo juntos cuando él regresara de su trabajo.

Dejé de trabajar para complacerlo a él, porque deseaba en lo profundo que fuese feliz a mi lado, pero entonces no sabia que hacer con tanto tiempo libre, todo lo que hacía era salir de compras y cocinar.

Codependencia...Decidí hacer algo o me volvería loca. Entonces me ofrecí como voluntaria en un proyecto social.Este trabajo me ocupaba solo las mañanas. Una mañana llegué tarde y al entrar a la casa me recibió con una golpe muy fuerte en la cara, situación que me sorprendió y me encerré a llorar. El me rogaba que lo perdonara que no lo volvería a hacer, prometiéndome no hacerlo jamás. Lo perdoné pero ya nada volvió a hacer igual. A partir de este suceso sus exigencias fueron más elevadas, yo entré en pánico porque con frecuencia me pegaba.

Empecé a aturdirme, a perder mis fuerzas, con ganas de morirme, hasta con miedo porque no sabía que hacer, ya no tenía fuerza para decidir. Una buena amiga, la que me refirió con usted, me está apoyando, me llevó a su casa, escondió mi carro para que él no me encontrara y me trajo a la primera reunión de Codependientes Anónimos.

En esa reunión escuché que una mujer decía que ya no le agradaba estar con su esposo, que se protegía manteniéndose reprimida emocional y sexualmente. Al oir esas palabras me sentí identificada y me dió un gran alivio. Entendí que mi cuerpo era muy sabio y que conocía que algo estaba mal con mi esposo, que ya no quería vivir con él.

Pienso en lo inocente que he sido cuando me casé con mi esposo. Había aprendido a sacrificarme como el trapo de cocina, como mi madre, esclava de los caprichos de mi padre y ahora sufría. Tomé conciencia de que en mi infancia sobreviví y tenía poca energía para desarrollar un sentido de individualidad, llegando incompleta al matrimonio, absorviendo las ideas, puntos de vista y decisiones de mi esposo como si fueran propios”.


Codependencia

Estamos ante un clásico caso de Codependencia, es decir, una enfermedad emocional que se manifiesta en la incapacidad para lograr participar en forma positiva en una relación.
La palabra codependiente proviene, según el diccionario de las partículas co: con o necesario y dependiente: esclavitud. Es la persona necesaria para que la esclavitud funcione.

 

El codependiente es una persona que depende emocional, psicológica, espiritual, física o finacieramente de otra persona obviamente enferma, incapacitada o necesitada como por ejemplo: adictos al alcohol, droga, diabéticos, enfermos mentales.

El codependiente es demasiado responsable y está demasiado involucrado con las necesidades, deseos, pensamientos y actos de otra persona y esto afecta todas sus relaciones pues tiene que adivinar cual conducta es normal.

Algunas características de los codependientes:
Les cuesta llevar un proyecto a término, se juzgan sin piedad, no saben decir que NO, constantemente tratan de obtener aprobación y afirmación, se sienten diferentes a otras personas, son super responsables o super irresponsables, reaccionan de manera exagerado a los cambios sobre los cuales no tienen dominio, reprimen sus emociones de rabia, tristeza, miedo, culpa y venganza porque sus necesidades infantiles no fueron cubiertas, controladores porque constantemente están supervisando para dónde vas, con quién y para qué, hacen más de lo que deben todo el tiempo y después terminan frustrados cuando no le reconocen sus esfuerzos.

 

Nahil Núñez de Gurlino

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