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¡La familia no es. . . lo que era!

ENSAMBLADA 5

Diplomado en Familias Ensambladas

Puerto Ordaz

Inicio: 28 y 29 Septiembre 2013

.       Hace apenas tres décadas, divorciarse y volver a casarse teniendo hijos de diferentes matrimonios era algo inusual y hasta polémico. Hoy en día, aún existen las llamadas familias tradicionales: padre, madre e hijos viviendo bajo el mismo techo. Pero el incremento de los divorcios, aunado a la mayor salida laboral de la mujer, trae como consecuencia la mayor tendencia a las segundas o terceras nupcias, con la consecuente “migración” de los hijos a diferentes hogares desde aquel de donde nacieron.

La familia ensamblada

.       A diferencia de la autoridad única de la familia de modelo tradicional, en las familias ensambladas, es decir, grupos familiares de segundas o terceras nupcias, hay más actores en escena para negociar y presionar: los hijos de la pareja anterior, los nuevos cónyuges de los ex, las nuevas familias políticas. Cada integrante, obviamente,  tiene sus propias características y su propio ritmo para integrarse a la nueva situación. No debe sorprender, pues, que entre las familias ensambladas el índice de separaciones sea mayor que en aquellas de modelo tradicional.

.       En toda pareja siempre existe algún tipo de disenso, por más leve o encubierto que sea, con respecto a la educación de los hijos: sistemas de premios o castigos, límites, permisos, etc. Pero esto se multiplica cuando se forma una nueva pareja con hijos de diferentes matrimonios. Para poder construir sobre bases sólidas este proyecto que comienza, es necesario estrenar nuevos “contratos”, es decir, nuevos acuerdos para establecer determinadas reglas.

.       Al equipaje que trae la persona que se incorpora a nuestra vida, hay que agregar la necesidad de conciliar con la nueva pareja de nuestra ex-pareja, que, de ahora en adelante, ocupará un lugar importante en la vida de nuestros hijos. Que no es poco!

.       Muchas personas, al separarse, se ven dominadas por un profundo sentimiento de culpa con respecto a los chicos, lo cual, en ocasiones, las lleva a “tratar de reparar el daño ocasionado” demostrando con empeño que son excelentes padres. Ese afán lleva, irremediablemente, a competir por el cariño del chico con la ex-pareja, y hasta con la actual pareja de su ex, en relación al lugar que ellos ocupan en la vida de los hijos. Sienten que es imprescindible conquistar muchos más lugares y trabajar más duramente por ello. Y en cierto sentido, es así. Por eso es que hay que aprender a negociar.

.       “Negociar” parece un término demasiado frío y duro para aplicarlo a las relaciones afectivas.

ENSAMBLADA 1Esto es así porque, en general, se lo asocia con negocios, donde el dinero es lo importante. Pero los especialistas lo usan con frecuencia también para referirse a las mediaciones familiares. En este ámbito, negociar es tratar de encontrar puntos en común, puntos de unión más que de desunión. En las situaciones familiares, negociar es apuntar, no a que haya un ganador y un perdedor, sino a que “todos ganen”. Negociar no es ceder una parte para quedarse sin nada, sino hacer el intento de llegar a un término medio entre las ideas, necesidades y deseos propios y los del otro. Al negociar no se pierde, se gana, pues se combinan dos maneras de ver las cosas: ambas partes salen enriquecidas y nadie pierde identidad. No se trata de aflojar ni de ceder; se trata de crear un acuerdo que contemple  ambas partes a la vez.

Es importante señalar que todas las familias negocian, no solo las familias ensambladas…

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