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Mamá, si no es de marca no me lo compres

Tu hija o tu hijo: ¿es una marca o un ser de amor?

Limites a los hijos
Hoy en día nuestros hijos están saturados de información comercial, yo diría que en una dosis mucho mayor de la que deberían. Muchos niños y jóvenes llegan a su casa pidiendo a sus padres que les compren lo que los demás usan, como una manera de pertenecer al grupo, para ser incluidos.

Es más triste y lamentable ver como muchos papás corren a comprarles lo que se les piden

, para que sus hijos lleven puesto un modelo de marca más vistoso que el de sus amigos. Lo triste es que al niño o la niña ya no le interesa ni el color, ni la comodidad de la prenda, ni siquiera la novedad en el diseño; lo único que busca es que sean idénticos a los que todos usan. A ellos no les importaría la marca, si no fuera porque se sienten “menos” y su autoestima se va al suelo.

Mirar cómo padres y madres corren a gastar lo que no tienen para comprarle a su pequeño lo que pide, con tal de que no lo excluyan o lo consideren inferior en su grupo de amigos, causa preocupación porque de una manera automática se crea una especie de “uniforme social” para que los hijos se sientan seguros en el medio al que lo han metido.

El problema se torna aún mayor cuando observamos a los hijos tratando de imitar, de pertenecer y de copiar a los adultos. Los mensajes publicitarios influyen en sus decisiones y en las de sus padres.

Ahora es natural ver cómo los niños intervienen en los proyectos de compra de sus padres: “No compres ese carro, porque es muy común y, si mis amigos me ven en él se van a burlar de mi”. Palabras como estas han sido expresadas por un niño de apenas ocho años de edad, que no quería que su papá lo buscara al colegio para que sus compañeros no vieran el carro que tenía. Triste ¿no?

Y pensar que sin darnos cuenta todo este proceso se inicia desde que nace nuestro hijo. Los amigos y familiares le llevan al recién nacido algo de marca porque es buen regalo. Y luego los padres continúan comprando la marca y desarrollando el gusto por lo ostentoso.
Es a partir de los 8 o 9 años que los niños y niñas empiezan a pedir las cosas con marca porque es lo que les gusta y porque lo tiene su amiguito.
Es allí donde los padres, marcados por la culpa por pasar poco tiempo con sus hijos, o por haberlos regañado y castigado por una travesura, deciden compensarles con un regalo de marca.

Las frases más escuchadas en la consulta con padres, son: “para qué trabajo entonces si no es para mis hijos”; “ellos tienen lo que yo no pude tener cuando niño”.
Los padres son responsables de lo que los hijos necesitan, pero de una u otra manera, sean conscientes o no, fomentan la complacencia y caen en la trampa del “Marquismo”.

Los mejores publicistas son los padres, y necesitamos aprender a manejar el aprecio por las cosas sencillas, o la angustia de no poseer bienes.
Mary, una madre que inició un proceso de cambio con respecto a esta situación, debido a una crisis financiera por la que atravesaba, me contó que su hijo Carlos usaba pantalones cortos de marca para jugar basquetbol en su colegio, y que, astutamente, compró unos de imitación y le colocó una etiqueta de una franela que le regalaron a su esposo, la cual cosió muy cuidadosamente al pantalón, y le advirtió a su hijo: “cuida mucho tu pantalón de deporte porque costó carísimo; no todo niño puede comprar uno como el tuyo”; nadie se imaginó el engaño, y menos el niño. Pasado el año escolar, la madre tomó a su hijo por el brazo, y le confesó lo que había hecho, para demostrarle que en la actualidad lo bonito o lo feo de un producto está erróneamente determinado por su marca más que por su verdadero aspecto o calidad.

Es por eso que para combatir el consumismo de nuestros hijos necesitamos:
1. Afirmarle a los hijos que la autoestima se obtiene por lo que somos y hacemos en la vida, y no por lo que poseemos. Enséñale a tus hijos a conocer sus virtudes y competencias, y a desarrollarlas para hacer lo que hacen con amor y sentirse exitosos siempre. Si eres de los padres que aún tiene problemas de individualidad personal y que te preocupa “el qué dirán”, es necesario buscar apoyo profesional para que te ayude a encontrarte como ser individual, y puedas sentirte orgulloso de modelar con confianza a tus hijos. Solo así tus hijos podrán identificarse y sr felices.
2. Infórmale a tus hijos de manera clara y simple lo que son las marcas y lo que no son. Explícale que las marcas son una manera de comercializar un producto y no una manera de ser mejor que los demás.
3. Analiza junto a tus hijos una prenda “de marca” y una de buena calidad que no sea “de marca”, para que vea si de verdad existe alguna diferencia importante como para decidir gastar más del doble por una que por otra.
4. Demuéstrale que el objetivo de quienes hacen estas marcas solo es vender más y que, incluso, suelen contratar a los fabricantes que hacen las mismas prendas comunes, para luego etiquetarlas con su marca y duplicar el precio, y así dar la idea falsa de “exclusividad”.
5. Lo más importante es reflexionar si de verdad necesitamos esos productos o solo estamos comprando “sueños de grandeza”, “pases sociales”, o la “ilusión de tener lo que pocos pueden”

Cualquier mensaje que les estés enviando a tus hijos con respecto a la compra de productos de marca, está a tiempo de ser modificado para su bien, aunque parezca que va en contra de la corriente. Lo importante es hacer resistencia para hacer valer lo que siempre ha valido: la individualidad, la persona como tal, sin necesidad de cubrirse con identidades prestadas.

Si tus hijos se sienten valiosos como personas, no necesitarán darse valía con “marcas”, que al final los convertirán en dependientes y borregos de una sociedad consumista y esclavizada.

Nahil Núñez

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