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Mi hija se enamoró… ¿Qué hago?

Mi hija se enamoró… ¿Qué hago?
¿Qué puedes hacer si el miedo te invade porque tu hija dice estar enamorada en su adolescencia? Muchas veces, la inseguridad como padres para manejar esta fase tan importante en la vida, genera desconfianza en nuestros hijos adolescentes, ocultándonos sus experiencias.

 

Ser joven adolescente lleva implícito la necesidad de socializar y experimentar reacciones a los estímulos del medio ambiente que antes no conocía. Al mismo tiempo, el descubrir la existencia de ideas, anhelos y sentimientos exclusivos para compartir con una pareja del sexo opuesto.

Es bien importante que tengamos claro que ni los padres, ni los hermanos, ni los amigos más allegados pueden participar de esos sentimientos, porque los jóvenes necesitan el noviazgo.

Cuando definimos noviazgo lo puntualizamos como un compromiso moral de trato afectivo adquirido entre dos excelentes amigos. Los cónyuges, antes de ser cónyuges, deben ser amigos, los mejores amigos. En caso contrario, su matrimonio está destinado a fracasar. Los novios,antes de ser novios, deben también, con las mismas connotaciones, ser excelentes amigos.

Lo complejo del noviazgo en la adolescencia es que hay muchos amigos de sexos opuestos, que son incompatibles para ser novios, pues no les nace mantener un trato afectivo y respetuoso. Los jóvenes buscan constantemente a la pareja adecuada pero con frecuencia se equivocan, se decepcionan y comienzan de nuevo. Las crisis ocasionadas por las decepciones amorosas de manera continua los puede endurecer y perder la sensibilidad pudiendo llegar a la soledad nociva.

Segùn, Carlos Cuauhtémoc Sanchez, en su libro Juventud en Extasis, nos refiere que los jóvenes sufren de dos enfermedades en el noviazgo, la primera es la Idealización y los síntomas característicos son: perder los estribos por alguien que ni siquiera conocen bien, ver acercarse a un cuerpo atractivo sintiendo como flaquean sus piernas y les palpita el corazón, fantasear que ese atractivo cuerpo debe de contener una esencia extarordinaria y empeñarse en ello.
Cuando nosotros los padres o un amigo les hace ver los defectos del ser idealizado, se molestan y hasta nos dicen mentirosos, y nosotros le respondemos que están ciegos. Pero el verdadero amor no es ciego, la idealización si.

Los jóvenes se enamoran de un cuerpo y se suelen enfermar de premura pasional pues se despierta un constante deseo de besar, sentir cercanía del otro. No conciben una reunión en la que simplemente se converse o se comparta, pues la razón principal es compartir con ese extraordinario cuerpo para que encienda las sensaciones del suyo.

Guiemos a nuestros hijos adolescentes con amor a construir un noviazgo sano, donde exista un trato afectivo y respetuoso, pero que no se base en el amor de los cuerpos; para que por tanto, no sufran la enfermedades de la idealización y la premura pasional. Apoyándolos a compartir momentos muy intensos de crecimiento y ayuda recíproca, negociando con ellos el tiempo y espacio libre para la individualidad de ambos. En este espacio bien administrado los jóvenes aprenderán a frecuentarse moderadamente, podrán escribirse cartas, reservarse detalles románticos, y comunicarse a nivel profundo, para sentirse entusiasmados alegres y motivados por la relación.

Lo más importante, es que como padres podemos orientar a nuestros hijos a ser novios constructivos, para que se hablen claro y que se establezcan reglas y propósitos, dejando por sentado y de mùtuo acuerdo, algunos aspectos como: los horarios y días para verse, las metas individuales y de pareja, la forma de demostrarse confianza, las actitudes de ayuda y apoyo y hasta donde llegar en cuestión de caricias y sexo.

Un noviazgo sano tiene reglas, ayuda al progreso individual, motiva a crecer y proporciona paz interior.

 

 

 

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