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La crianza de un niño sano comienza en un hogar saludable, y el primer paso es darnos cuenta de sus necesidades para, así, proporcionarle amor.

 

En un principio, los niños dependen de sus padres para cubrir sus necesidades, para aprender como manejarse en la vida. En la medida que van creciendo, al tener todas sus necesidades cubiertas, tendrán también la seguridad necesaria para caminar más libres, bajo la supervisión guiada de sus padres.

El niño, al formar parte de una familia, necesita tener claro los roles de cada miembro: ¿Quién ejerce la autoridad? ¿Cuáles son las funciones que desempeñan el padre, la madre y los hijos? Así, la claridad en los roles familiares evitará los conflictos de identidad en el niño y ayudará a mantener la cohesión familiar.

Como padres, se nos hace necesario modelar el contacto sano: que el niño pueda sentir que es escuchado, tocado y acariciado con respeto, pero también, aceptado, al poder comunicar con libertad y respeto sus sentimientos y pensamientos.

Es indispensable que el niño tenga claro sus límites, las normas y las reglas para convivir con seguridad en el mundo y sentirse amado por él. Los límites son los pilares de la autoestima, y en la medida que enseñemos éstos, con el ejemplo personal, tales como el respetarse a sí mismo: su espacio, sus objetos personales, reconocer cómo quiere ser tratado emocionalmente, como un ser sexual y espiritual, el verdadero amor en él crecerá y llegará a ser un ser consciente y pleno en contacto con el mundo de una manera respetuosa.

Como padres, demos todo el amor a nuestros hijos, modelando los valores morales y espirituales de una manera sana y consciente.

Nahil Núñez de Gurlino

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